Voy a llegar a mi hora a la cita con la gorgona, no puedo decidir con cual hablar y pase lo que pase ni yo ni nadie podrá vengarme dado que Perseo mató a la única mortal, Medusa. Ya salgo de hablar con ella y no sé cual de las dos era pero me da igual, lo único que quieren es agrandar sus comillos y alas y necesitan material para ello, todavía no saben si compensa clavarme sus colmillos y aspirar poco a poco.

Me vuelvo a casa con mi carpeta, de vuelta ya no está el rifle apuntándome, al menos no tan claramente, pero sé que si la gorgona me dice que quiere clavarme los colmillos aparecerá de nuevo apuntando a mi cabeza y hará que sea puntual a la cita, a ver si esta vez se descuida y se deja ver, así sabré con quien me las tengo que ver.

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